PRELATURA

DE JULI

Formación humana

SEMINARIO MAYOR “NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE”

FORMACIÓN HUMANA

Sacerdote: puente entre Jesucristo y los hombres
El Seminario Mayor de la Prelatura de Juli, tiene claro que es una entidad que está para amar y servir a Dios en su Iglesia; con ello tiene presente aquello del proemio del decreto conciliar Optatam Totius (OT): “la deseada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el Espíritu de Cristo; conociéndolo muy bien”.
Apuntamos a trabajar y forjar la dimensión humana, para transparentar lo mejor posible al Sumo y Eterno Sacerdote; ya lo dice la exhortación apostólica post sinodal Pastores Dabo vobis (Cf. PDV n. 43): “la formación humana del sacerdote expresa una particular importancia en relación con los destinatarios  de su misión; es necesario que el sacerdote plasme su personalidad humana de manera que sirva de puente  y no de obstáculo a los demás en el encuentro con Jesucristo. El sacerdote ha de ser capaz de conocer en profundidad el alma humana, intuir dificultades y problemas, facilitar el encuentro y el diálogo, obtener la confianza y la colaboración, expresar juicios serenos y objetivos”.
El futuro sacerdote ha de relacionarse con los demás hombres en la sociedad, varones y mujeres, niños, jóvenes, coetáneos, mayores, ancianos; por eso es de capital importancia la capacidad de relacionarse con los demás, elemento verdaderamente esencial, para quien ha sido llamado a ser responsable de una comunidad y “hombre de comunión”. (Cf. PDV n. 43).
Cooperador de la Verdad
Se hace hincapié en el amor a la verdad, fomentada desde el primer instante que un joven tiene los propósitos de incorporarse al Seminario Mayor para ser sacerdote. Pues si falta ella, no se puede edificar un varón integro, donde la gracia pueda actuar, sanar, perfeccionar y elevar.
En el dejarse ayudar los seminaristas por parte de los formadores, en un clima de confianza y disciplina, no se halla escisiones en la parte afectiva, que como parte de la vida de familia, antes se fomenta y alienta.
Conciencia Moral
No puede estar exenta de la formación sacerdotal una adecuada y sólida formación de la conciencia moral, la cual , al requerir desde la intimidad del propio “yo” la obediencia a las obligaciones morales, descubre el sentido profundo de esa obediencia, a saber, ser una respuesta consciente y libre-y por tanto, por amor-a las exigencias de Dios y de su amor. El Candidato, para poder cumplir sus obligaciones con Dios y con la Iglesia y guiar con sabiduría las conciencias de los fieles, debe habituarse a escuchar la voz de Dios, que le habla en su corazón, y adherirse con amor y firmeza a su voluntad.