PRELATURA

DE JULI

RESEÑA HISTORICA

RESEÑA HISTORICA

La imagen puede contener: cielo, multitud y exterior

El distrito de Ácora es uno de los quince distritos que conforman la provincia de Puno en el departamento homónimo en el Sur del Perú. Desde el punto de vista jerárquico de la Iglesia católica forma parte de la Prelatura de Juli en la Arquidiócesis de Arequipa.

Ubicado en el altiplano a una altura de 3 867 msnm a orillas del Lago Titicaca. El clima en la zona media es frío, templado y húmedo; en la zona alta y cordillera predomina un clima frío intenso y seco; y en la zona del lago posee un clima templado húmedo a frío, presentando condiciones microclimáticas muy favorables para el desarrollo de la actividad agrícola semi-intensiva y actividad pecuaria complementaria.

Geográficamente el Distrito de Acora, limita: Por el Norte con los distritos de Plateria y “Pichacani”, por el Sur con la provincia del Collao, por el Este con el lago Titicaca y por el Oeste con la región de Moquegua.

La superficie del distrito, es de 1941.09 Km2. Presenta un relieve accidentado, debido a la presencia de los ramales de la cordillera de los andes que la dividen en cuatro zonas ecológicas:

-Zona Lago, faja fértil netamente agrícola y con poca presencia de heladas, precipitaciones pluviales normales, presencia de granizos temporales. Franja con baja erosión e influencia sísmica mínima.

-Zona Centro, franja agrícola y ganadera, sujeta a las variaciones climatológicas: heladas, granizo, ventarrones, etc. Precipitaciones normales e influencias sísmicas mínimos.

-Zona Alta, espacio frígida, presencia de nevadas temporales, quebradas erosionables e influencias sísmicas notorios. Sin embargo, es un espacio netamente ganadera, debido a la presencia de praderas naturales, “jichhu” y bofedales que favorecen la crianza de camélidos sudamericanos, entre ellos: llamas, alpacas, y por otro lado también están las famosas vicuñas.

-Zona Cordillera, comprende la parte más alta de la zona de estudio, por donde cruza la cordillera occidental y de un clima altamente frígida, de lluvias y nevadas constantes, erosionables y movimientos sísmicos sumamente evidentes, aquí en esta zona del distrito de Acora también en mayor abundancia están las llamas y las alpacas, junto a las vicuñas y los venados.

Según el censo del 2007, Acora cuenta con una población de 28,679 habitantes, de los cuales 14,557, son varones y 14,122 mujeres (Fuente: INEI, 2007:75). Esta masa humana, se dividido en 121 repartimientos, distribuidos en 22 centros poblados, 56 comunidades y 43 parcialidades. De acuerdo a las zonas ecológicas, los centros poblados son:

En Zona Lago: En Zona Centro: Villa de “Suq’a” “Qaritamaya” “Ququsani” “K’ulta” “Thunuwaya” “MarkaIsqiña” “Jayu-Jayu” “Ch’anqachi” “Qupamaya” “Qapalla-Muqaraya” Sta. Rosa de “Yanaqi” “Thunku” “Isk’ata” Crucero.

En Zona Alta: En Zona Cordillera: “Tuturani” Pasto Grande “Amparani” “AyrumasKarumas” “Sakuyu” “Jilatamarka” “Inkasamawi” “Aguas Calientes.

IGLESIA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO. 

La más antigua de las iglesias, fue construida por los Dominicos, aprovechando la mano de obra de más de 2000 nativos. Del cuál, los caciques de Acora decían en marzo de 1567: “Ahora hacen una iglesia nueva y pagan los oficiales españoles y andan indios ocupados en la obra y en hacer cal y ladrillo y han traído mucha madera de Larecaya (valle situado en la actual jurisdicción del pueblo de Sorata, del departamento de La Paz, Bolivia) que hay treinta leguas o más y vienen cargados de madera…”. Se sabe, aunque parezca mentira que los trabajadores de esta infraestructura fueron remunerados; así al “carpintero que hace la iglesia le ha dado hasta ahora por su trabajo 606 pesos y al albañil 500 y le queda a deber al carpintero 1000 pesos” (Garci Diez de San Miguel; 1567: 109).

Pero este pago no lo hacían los curas ni el imperio español, sino la gente de las parcialidades de Hanansaya y Urinsaya, que en ese entonces, los ayllus eran divididos para una mejor administración política. Sin embargo, según la Arq. Sonia Molina Cabala, para “edificar estas tremendas moles se invirtieron un promedio de 200,000 pesos del siglo XVI, equivalente a unos dos millones de dólares de hoy. Que es el precio que se tiene que invertir para impulsar la restauración de esta inigualable joya de la arquitectura renacentista” (Los Andes, 2008:09). Entonces, señores autoridades del pueblo de Acora, del gobierno regional y más que todo los del INC, hay que presupuestar esa cantidad de dólares; de lo contrario la iglesia si nos viene abajo.

Dentro de esta Iglesia hasta el año de 1950 más o menos, los campesinos de la zona lago y otros lugares aledaños realizaban la conmemoración de sus difuntos cada 2 de noviembre de cada año. Este acto ritual consistía en hacer rezar a sus finados, sobre todo en el “Primer año de su fallecimiento”. Los familiares para compensar esta actitud de los que rezaban a los muertos “pagaban” con los manjares que en vida había llegado a degustar al difunto: “k’ispiñu”, torrejas, “watia”, tostado de habas, maíz, etc.

En la actualidad, esta costumbre de hacer rezar u orar en el interior del templo por parte de los acoreño, ya no existe, como tampoco “•existe” la iglesia de San Pedro y San Pablo por descuido de los propios religiosos.

IGLESIA DE LA CONCEPCIÓN. 

Llamada popularmente como la Iglesia “Concebida”, “fue rehecho a comienzos del siglo XVII y concluido en 1710”. En este templo habrían estado concentrados una buena cantidad de lienzos: “La Imagen de la Dolorosa”, “Nuestra Señora de La Paz” y otros. En la revolución de 1780 la iglesia fue totalmente saqueada, llevándose los sacrílegos “hasta los mismos Trompetas del órgano”.

Se tiene conocimiento, que durante el siglo XIX, esta infraestructura siguió en uso, pero a comienzos de la época que feneció, luego de caerse su techo ha quedado convertido en un paisaje yermo y silencioso, testigo de los que los hombres religiosos no supieron preservar.

IGLESIA DE SAN JUAN EVANGELISTA. 

Concluido en la segunda mitad del siglo XVII, siguió un proceso similar a la de Concepción; destacando los lienzos del “Padre Nuestro” y los “6 de los Patriarcas”. A raíz de un incendio que se produjo en 1887, el templo quedó en ruinas y el Obispo de Puno, Monseñor Puirredon dispuso en 1891 que se comenzara la reconstrucción. En la época actual, la Iglesia alberga a la “Patrona” del pueblo, la “Virgen de la Natividad”, que se festeja cada 8 y 15 de setiembre, esta última como la octava.

IGLESIA SANTA BARBARA. 

Ubicada a unos 4 cuadras hacia el oeste del templo de San Pedro y San Pablo; prácticamente ya no existe ni ruinas ni cimientos, sino simplemente el lugar, donde tiempos atrás se realizaban la fiesta de las “alasitas”. En la coyuntura presente, esta actividad se lleva a un costado de las ruinas de la Iglesia “Concebida” o de la Concepción, cada 4 de diciembre, que según el calendario católico, es el día de “Santa Bárbara”.

En aquella coyuntura “Axura”, pertenecía al actual provincia de Chucuito, conformado por dos grandes ayllus: Urinsaya y Hanansaya. Se sabe, que la autoridad que organizó a los diversos ayllus con sus “Jilaqatas” y tenientes gobernadores fue Filiberto Aguilar, uno de los ancestros de la actual familia Aguilar y que desempeñó por varios años como gobernador de la jurisdicción. Sin embargo, había ayllus convertidos en haciendas, llamados comunidades apresados. Estos ayllus, fueron: Molino, San Carlos, “Sakuyu”,”Qarumas”, San Fernando, Pasto Grande, “Tarukamarka”, San José de “Qalala, “Qumitiri” “Chilliruta”. Durante el gobierno del General Velazco Alvarado, estas circunscripciones fueron transformadas en Cooperativas y SAIS. Actualmente, la tenencia de estas tierras, están en poder de los campesinos.

En esta coyuntura, el pueblo se acentúo en la parte alta. La característica fundamental de este tiempo, es el establecimiento del sistema matriarcado, que se inició con la “T’alla” Isidora Catacora, considerada como la más antigua de todas las gobernadoras existentes en el nuevo mundo. A ella se debe el título de “Villa Coronada” y el Escudo de Armas para Acora, debido a que donó en su gestión la suma de 40,000 ducados al Rey Carlos IV de España. Su Palacio de mando quedaba en el barrio “Alcallami” a un costado de la Plaza de la Inquisición, que hoy tampoco existe. Luego, viene la “T’alla Manuelita”, hija del anterior, en seguida la T’alla Benita, dueña de las ricas minas de plata de Potosí y por último, Acora tuvo como otra gobernadora a la T’alla Eugenia, la más hermosa de todas, pero tenía un defecto físico: “such’u” (tullida).